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"Cualquier tonto puede saber. El punto es entender" -Einstein

jueves, 6 de noviembre de 2014

Los pueblos autóctonos

Imaginémonos por un momento que todo a lo que pertenecemos desaparece poco a poco. Imaginémonos sabiendo que a nuestra muerte, toda nuestra cultura, aquella en la que nacimos y crecimos morirá también. Imaginémonos como los últimos sobrevivientes de una cultura  milenaria. Imaginemos que nadie esta interesado en preservar nuestro legado. Que nos llaman salvajes. Que al mundo no le importa nuestra desaparición.

Este pudo haber sido el caso de los Amondauas o Uru Eus, uno de los últimos pueblos indígenas brasileños. Tras el contacto con los primeros occidentales en los ochentas,  la población se diezmó debido a las enfermedades introducidas por los occidentales y para las cuales los Amondauas no contaban con protección. Para 1993 solo quedaban 89 de ellos.

El gobierno brasileño, para protegerlos, estableció una protección a su tierra, este territorio tiene el nombre de Tierra Indígena y supuestamente las compañías extractoras de recursos naturales no pueden ingresar a ellas. Se reporta que a partir del establecimiento de esta protección la población de los Amondauas a incrementado; sin embargo su vida ya no es la que era hace 50 años. El contacto con los occidentales los hizo "adelantarse miles de años" de un senton. De no portar mayor vestimenta ahora usan camisas y pantalones y zapatos. Ahora usan el metal. Ahora han visto la televisión. Y sobretodo ahora conocen el mundo externo. Y para muchos de los jóvenes este mundo externo es llamativo y su tribu es para ellos una "barbarie" por lo que salir de ella constituye un progreso. Y al final de cuentas, sin los jóvenes ¿qué es de una sociedad?

El problema ético que este caso presenta es aquel del derecho a la autodeterminación y también del derecho que tiene la humanidad para hacer contacto con pueblos autóctonos e introducir en ellos las modernidades. Pocas veces se pueden predecir las consecuencias de estas acciones. Y en este caso resultaron desastrosas. La forma occidental de percibir el mundo es la de la colonización. Creemos que tenemos el derecho a poseer todo, creemos que la tierra pertenece al Estado solo porque la constitución así lo establece. Es así como se rompen formas milenarias de existencia y se resquebrajan los tejidos que sostienen a comunidades completas.

En el tema de género este dilema es particularmente importante, pues muchas veces se presentan casos que enfrentan los derechos de las mujeres y niñas a los derechos culturales de una sociedad/comunidad. Este dilema se presenta tanto en Estados, como en comunidades autóctonas como lo son las indígenas. Ante claros casos de violación de derechos de mujeres y niñas como el matrimonio forzado/arreglado ¿Qué hacer? ¿Interferir y con dicha intervención violar los derechos otorgados a la comunidad de autodeterminación? ¿No interferir y por lo tanto permitir la perpetuación de estas violaciones?

]Pocas soluciones se han propuesto para estas problemáticas. Sin embargo, una que llama la atención es la de la feminista Rita Laura Segato, en su texto sobre "Género y Colonialidad", Rita  analiza la problemática involucrada y cae en la conclusión de que, aunque el tejido comunitario de los pueblos autóctonos ha sido roto por la colonización eso no les ha borrado la memoria, esa memoria es una memoria cultural que incluye tradiciones y costumbres. Las tradiciones y costumbres son por definición productos de la historia y por lo tanto pueden ser modificados (internamente) por la historia de su colonización. El Estado que comprenda esto, en lugar de imponer su autoridad y el respeto de los derechos será un estado "restituidor de la jurisdicción propia y del fuero comunitario. garante de la deliberación interna, coartada por razones que se vinculan a la propia intervención y administración estatal."Así y por medio de la  jurisdicción interna cada pueblo se encargará de remendar las contradicciones de su discurso interno y eligiendo alternativas que se encuentran presentes del mundo circundante.

De la manera anterior Rita sustituye el "relativismo cultural" por el "pluralismo histórico"  el cual se encuentra siempre expuesto a las influencias del exterior y a los cambios históricos. El pueblo se vuelve así sujeto de su propia historia y constructor de los derechos internos al lado de la nación (unión de pueblos) que lo rodea.

Referencias:
Segato, Rita L. Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico. Disponible en: http://nigs.paginas.ufsc.br/files/2012/09/genero_y_colonialidad_en_busca_de_claves_de_lectura_y_de_un_vocabulario_estrategico_descolonial__ritasegato.pdf

domingo, 2 de noviembre de 2014

Cuestión de Género, Cuestion de Cultura


Hablar de género en la sociedad actual, sobre todo la occidental, supone hablar de cambios. Durante las últimas décadas se han tratado de obrar cambios tanto en los sistemas locales como en los internacionales para que las mujeres tengan mayor voz y palabra. Algunos de estos cambios han tenido efectos positivos, como el reconocimiento de que los Derechos Humanos (ya no Derechos del hombre) incluyen y no pueden existir sin el reconocimiento e implementación de los derechos de las mujeres.

Sin embargo, la equidad de género no se ha alcanzado en ningún lugar del planeta y debido a que los roles de género siguen teniendo un alto peso en todas las sociedades.  Hablar de género supone  hablar de una relación epistemológica de distancia. Y es que la relación entre lo femenino y lo masculino es una relación de poder que se ha construido a partir de la visión masculina de lo femenino como objeto y no sujeto. Se define aquí el poder como “el acto de hacer sin consultar el hecho; de operar sobre el mundo sin preguntarle su opinión” (Fernández Christlieb) La historia se ha escrito desde el punto de vista masculino y en la mayoría de las sociedades del mundo los roles de género están basados  en la subordinación de los femenino a lo masculino.

El dilema  está en  la transformación de dicha epistemología de poder y distancia, en una epistemología de encantamiento, en la cual ambos sexos sean sujetos. Un nuevo problema surge entonces, ¿Cómo modificar esta carga social y comunitaria que ha estado presente durante siglos? Conjunto a esta pregunta surgen muchas otras que se habían planteado con anterioridad y que tienen que ver con las ideas y las creencias según el reconocido filósofo Ortega y Gasset.

Ortega y Gasset explica sobre las creencias que “No llegamos a ellas tras una faena de entendimiento, sino que operan ya en nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar sobre algo” (Ortega y Gasset). Así pues, son cosas que damos por hecho. Son las ideas sobre las cuales vivimos y que según Ortega y Gasset no se ponen en duda. Entonces ¿Los roles de género son creencias? Esto explicaría porque durante  tantos años se haya dado por hecho la inferioridad de las mujeres ante los hombres. Pero esto también supone preguntarse el cómo cambiar las creencias.

Paulina Casillas, en la entrada titulada “Pensaba que creía hasta que lo pensé” en su blog Y así está la cosa (https://breakmuppet.wordpress.com/2014/08/31/pensaba-que-creia-hasta-que-lo-pense/#comments) opina que “no es posible modificar nuestras creencias pero sí que cambien; es decir, el término modificar para mí es algo consiente donde cambias uno o varios aspectos sobre algo específico a conveniencia, pero esto no es posible si no sabes en concreto que es lo quieres cambiar (en este caso las creencias). No obstante el cambio no tiene que ser consiente este simplemente se puede dar.”

Sin embargo, en cuestión de género es necesario que se sea consciente de lo que se desea cambiar. Para lo cual se deben de realizar varias preguntas al respecto. Como ejemplo ¿Qué se quiere lograr al cambiar los roles? ¿Cómo se puede lograr la igualdad sin generar inestabilidades en las sociedades y  las costumbres?  Y además ¿Cómo lograr el cambio en sociedades o culturas condicionadas por creencias religiosas?

Para estudiar la idea de la dificultad presente al tratar con las creencias religiosas tomaremos la definición de conocimiento religioso presente en el texto de Mayagoitia Gonzalez, et al. sobre los tipos de conocimiento. El conocimiento religioso es aquel “basado en un dogma de fe (…) donde no se exige la comprobación de éste y por supuesto donde no se acepta la duda. Todo es producto de una fuerza espiritual superior o divina”.

El problema inicial que se encuentra con las creencias religiosas es si es posible definirlas como “conocimiento”, al respecto John Locke  menciona que “la fe, en cambio, es el asentimiento que otorgamos a cualquier proposición que no esté fundada en deducción racional”, por lo anterior este filósofo no incluye a la fe y a los dogmas religiosos dentro de sus clasificaciones de conocimiento. Al contestar dicha pregunta Mafer Fernandez en su entrada sobre los tipos de conocimiento en su blog Conocimiento y Cultura opina que la religión sí es conocimiento que simplemente no se ha comprobado. Como ella dice “La religión está ahí sin poder mostrar pruebas porque no se han buscado lo suficiente y por otro lado la apuesta de Pascal, que lo complementaría totalmente. Fuera o no un conocimiento la religión por qué no dudar de ella.” (http://cycmaferfglez.blogspot.com/2014/09/semana-3-la-posibilidad-del.html?showComment=1411926349509#c6811919748936690264)

El segundo problema inherente a las creencias religiosas es esta característica que impide dudar de ellas. Esto establece la resistencia al cambio que en muchas ocasiones es determinante a la hora de las modificaciones sociales. Muchas veces, esta resistencia se muestra con el surgimiento de radicalismos que crean problemas distintos y de gran impacto en las sociedades donde se está gestando el cambio. Es importante entonces que el cambio en cuanto a la epistemología de roles de género no se trate de  imponer de manera coercitiva, sino que sea un proceso que permita el cambio desde debajo de las instituciones tanto religiosas como políticas y sociales.

Y no es solo que el cambiar las ideas de los roles de género y de la superioridad masculina sobre la femenina suponga un cambio liberador para las mujeres. En realidad, supondría un cambio liberador sobre ambas partes, pues el sexo masculino también se encuentra esclavizado por los estándares que tiene que cumplir.

Como menciona Bernardo Paramo Ortega en el Foro sobre Género “Desde un inicio nos predisponen y nos enseñan a que el color rosa siempre será un distintivo para las niñas y el color azul para los varones. Y hasta la misma sociedad en que vivimos nos hace mal interpretar si llegamos a ver a algún ente masculino con un color rosa o a un ente femenino con un color azul.” (http://cursos.iteso.mx/mod/forum/discuss.php?d=93469). En la misma línea y refiriéndose a los estereotipos y juguetes impuestos a las niñas Michelle Lazaro Saucedo menciona “Para mí esto es un enseñarnos desde chiquitas a como ser buenas amas de casa, buenas esposas y hacer lo que se espera de una mujer como hace mil años. Siento que nos preparan para que cocinemos perfecto, cuidemos a los niños y seamos dulces siempre. En cuanto a los juguetes de niños, creo que son mucho más "rudos" y que también reflejan lo que un esposo debería de ser.” (http://cursos.iteso.mx/mod/forum/discuss.php?d=94181)

Desde una perspectiva completamente diferente, Paulina Casillas menciona que “nuestra mente es todo un campo libre en donde no existen caminos ni maneras específicas de hacer las cosas, las posibilidades son infinitas” (https://breakmuppet.wordpress.com/) esto haciendo referencia a las escrituras de Tony Buzan. Si se percibe de esta manera entonces sí es posible modificar nuestras creencias a partir de nuevos estándares y de nuevas realidades.

El problema epistemológico del género ha sido ampliamente tratado por varios autores, entre ellos Martha Leñero en su libro Tercera llamada: orientaciones de género para la vida cotidiana (2010). En éste, Martha menciona que la modificación de los roles de género “implica transformar las relaciones de género desiguales, es decir, las relaciones entre mujeres y hombres basadas en la atribución arbitraria para unas y otros de comportamientos, habilidades, expectativas y toda una serie de imperativos de género que asignan y dictan—de manera desigual e injusta – un lugar en el mundo.”

Así pues, el distinguir y empezar a modificar, en nuestras actitudes y  acciones lo que consideremos como roles de género que implican relaciones de desigualdad y distancia, tendrá el potencial de generar un cambio en nuestros pensamiento y más tarde en nuestras creencias y por lo tanto las creencias de las generaciones futuras.

Ahora bien, la dimensión epistemológica del problema de género no es la única desde la cual se puede analizar y buscar mejorar/cambiar dichas desigualdades. Existe también la dimensión de la cultura, la cual es mucho más amplia y compleja pues incluye todos aquellos factores sociales e históricos que vienen moldeando nuestras maneras de concebir la realidad y las relaciones desde muy pequeños.

La influencia que la cultura ejerce sobre el ser humano es un tema sumamente debatible y en la actualidad, en los círculos teóricos y científicos se han desarrollado dos polos opuestos de pensamiento. Carmen Magallón, en su libro Mujeres en pie de paz (2006) describe la diferencia entre estos dos ejes de pensamiento: “el polo biologista-escencialista, que mantiene que la diferencia biológica conlleva unido un modo de ser distintivo, masculino o femenino, y el polo socio-cultural, que defiende que lo que se entiende por masculino y femenino es una adquisición cultural que ha variado a lo largo de las épocas, que también varía entre las distintas culturas y que dentro de una misma cultura tiene rasgos distintivos en los diversos periodos de la vida (niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez).”

Si nos adscribiéramos a un punto de vista biologista, estaríamos aceptando y propagando una construcción social de desigualdad, mediante la cual nacer mujer ya es nacer inferior. Por lo tanto, preferiremos basar nuestro análisis en el punto de vista socio-cultural el cual presenta un amplio espacio para reflexionar sobre la relación de género tanto históricamente como en la actualidad y especialmente en nuestra sociedad. Éste es también el polo dentro del cual mi compañera Michelle Lázaro ha decidido trabajar, mostrándolo con su afirmación “la forma en que nos sabemos mujer, o nos sabemos hombre, son totalmente construcciones sociales que nos han formado prejuicios e ideas que nos damos por hecho.” (http://michlzro.wordpress.com/2014/09/29/equidad-de-genero-y-distorsion-del-feminismo/). En un siguiente párrafo continua relacionando el problema de género con la sociedad y la cultura: “Somos producto de nuestra cultura y nuestra sociedad (…). Las mujeres y los hombres tenemos ciertos estereotipos y aunque estemos dentro de ellos o no, creo que siempre influyen dentro de nosotros.”

Sin embargo, es inútil hablar de la influencia de la cultura en la concepción genérica de la sociedad cuando no hemos definido primeramente la cultura en sí. Se tomará aquella definición provista por Gilberto Giménez en su escrito Escritos sobre la cultura y las identidades sociales (2007): “la cultura es la  organización social del sentido, interiorizado de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas o de representaciones compartidas, y objetivado en formas simbólicas, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados.”

Así pues, la cultura es una interiorización de la organización social. La cultura no es externa, es interna. La cultura, forma parte de la identidad pues es parte del ser interior. Además, es importante rescatar de esta definición que la cultura es específica a un contexto histórico y social, es decir , que la cultura no es la misma en el siglo XX y en el XXI, o en Francia y en China durante el mismo periodo.

La cultura entonces, depende de la historia y la sociedad. Además, la cultura es moldeadora de identidad. Como se mencionó en un artículo anterior “Tanto la cultura como la identidad influyen en la manera en que los individuos perciben el mundo a su alrededor y por lo tanto en su forma de conocer el mundo.” Una cultura de jerarquías genéricas, una cultura de pautas establecidas para uno u otro género, una cultura en la cual se establezcan estereotipos para lo femenino y lo masculino, es una cultura de desigualdad y de violencia. ¿Por qué violencia? Porque las relaciones de poder son relaciones de violencia en las cuales la parte hegemónica es superior a la parte subalterna y en las cuales  los subalternos se convierten en el “otro” un objeto en lugar de un sujeto. E inevitablemente los “otros” son silenciados, reprimidos y su libertad violentada.

Es de particular importancia la conclusión alcanzada en la entrada sobre cultura y socialización, en la cual se menciona:
Las relaciones de poder de una sociedad son establecidas por la cultura, pero pueden ser modificadas por medio del conocimiento y por lo tanto pueden modificar la concepción cultural de relaciones de poder. Esto es particularmente cierto en el caso de la relación hombre/mujer, una internalización del derecho de la igualdad y equidad puede llevar a un cambio en las relaciones de poder y una transformación de culturas patriarcales a culturas igualitarias.

Así pues, el problema de género, es de carácter principalmente cultural y por lo tanto su solución proviene precisamente de la transformación de dicha cultura de desigualdad. La internalización de distintas pautas que incluyan las expresiones de igualdad, respeto y complementariedad en la diferencia, entre otras.

El reto de nuestro contexto socio-cultural particular, el contexto del aquí y ahora,  consiste en la transformación de la cultura por medio de nuevas pautas surgidas del conocimiento tanto práctico como científico/teórico. Y estas pautas exigen visibilizar las consecuencias negativas de la desigualdad de género. Requieren también un cambio tanto en la concepción de masculino como de femenino, una modificación de la cultura de superioridad/inferioridad, tanto en los cuerpos y mentes de mujeres, como en los de los hombres.

Este cambio debe de ser íntegro y generarse tanto en la parte masculina como en la femenina de la sociedad. Las soluciones simplistas que excluyen al sector masculino a la hora de generar cambios culturales han resultado, en muchos lugares del mundo, más perjudiciales. Y suelen generar mayor violencia en el sector poblacional que no comprende los cambios gestados en su sociedad y que no concibe el empoderamiento femenino como algo más que un desafío a su autoridad. 

Referencias:
Giménez, Gilberto (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades 
sociales, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.
La filosofía en el bachillerato. La filosofía de Locke. El conocimiento: niveles y tipos de conocimiento. Disponible en: http://www.webdianoia.com/moderna/locke/locke_fil_conoc.htm
Leñero Llaca, Marta. (2010) Tercera llamada: orientaciones de género para la vida cotidiana. PUEG-UNIFEM. México.

Magallón, Carmen. (2006). Mujeres en pie de paz. Siglo XXI. Madrid. 

domingo, 26 de octubre de 2014

La miseria: una herencia


"Los herederos" es un documental realizado por Eugenio Polgovsky en el cual se relata el trabajo de niños mexicanos que viven en la miseria.
Durante el documental que transcurre en su mayoría sin narración se observa a los niños en sus jornadas diarias, durante las cuales trabajan el campo, dirigen el ganado, cargan leña, tejen, preparan la comida de todos los días (tortillas y frijoles por lo general), cuidan a sus hermanos y buscan y cargan agua.
"Los herederos" es la historia de la niñez de las personas en la pobreza extrema en el México actual, pero es también la historia de la niñez de sus padres, abuelos y bisabuelos. Es la historia de familias que lo único que heredan a sus descendientes es la miseria. Es una historia repetida, que transcurre sin apenas cambios, donde el status quo apenas y se rompe.
Nosotros, los de la clase media a alta, los habitantes de ciudades y poblados más o menos desarrollados, solemos imaginarnos a menudo que dejaremos a nuestros hijos algo más de lo que nuestros padres nos dejaron a nosotros, para eso, trabajamos todas nuestras vidas  para superarnos y lograr alcanzar nuevas metas. Rara o ninguna vez nos imaginamos una vida donde las posibilidades de superación sean nulas, la cultura que hemos heredado es una cultura de posibilidades. No nos imaginamos una cultura hecha a base del trabajo inacabable desde niños, donde tenemos que trabajar cada día y cada hora para poder tener algo que comer. No nos imaginamos una cultura. un lugar, un espacio/tiempo en el cual no podamos  llegar a ser más de lo que somos, y no por falta de voluntad , sino llana y simplemente por falta de posibilidad y libertad.
No nos imaginamos una cultura donde la injusticia sea parte inalienable de nuestras vidas, donde cada día nos paguen infinitamente menos de lo que trabajamos, donde el pan no es de cada día.
No nos imaginamos una cultura, una idiosincrasia en la cual no tengamos tiempo siquiera de pensar en demandar algo más, porque con el trabajo físico y psicológico de todos los días apenas y quedan energías para otras cosas.
Vivimos en un espacio plagado de posibilidades y aunque experimentemos la injusticia una que otra vez, casi nunca se vuelve ésta algo cotidiano, pues tenemos la fuerza (y esta fuerza viene de no agotar toda nuestras energías en trabajar para sobrevivir, no de que seamos internamente más fuertes que las personasen la miseria) para demandar un cambio, para pedir mayores oportunidades, para la superación y el cambio continuo.
En relación con el tema de género, es posible que de no vivir en este espacio-tiempo jamás nos llegaríamos a cuestionar las desigualdades inherentes del sistema patriarcal y es precisamente por esto que las condiciones de las mujeres en el campo no cambian, apenas hay posibilidad de modificación y de cuestionamiento en una vida donde cada minuto y cada gota de energía se pasa tratando de sobrevivir.

domingo, 19 de octubre de 2014

Cultura y Socialización



A lo largo de la historia, la cultura ha sido definida e interpretada de distinta manera, hoy en día, se aprecia como la construcción social de algún tipo de identidad compartida que guía los procesos de crecimiento de los miembros de una sociedad presente en un contexto histórico social específico. La cultura es interiorizada por los miembros de la sociedad en la cual está presente y se vuelve la manera en que estos individuos interpretan el mundo a su alrededor.

Es importante decir que la cultura no es ni mucho menos un objeto fijo, al contrario una de las características de la cultura es su dinamismo. La cultura define a los individuos, pero al mismo tiempo es creada por éstos.

Se ha entendido a cultura como conocimiento, como fin último de la humanidad, como principio de identidad, como característica individual. Cultura representa todas aquellas pautas apreciables en contextos determinados por el tiempo y el espacio particular. La cultura es compartida por los individuos que forman parte de ella, la cultura es transmitida y la cultura es manipulada.

Como explica Gabriel Zaid en su artículo sobre ésta (2007) "Se puede hablar, entonces, de un concepto clásico, un concepto ilustrado y un concepto romántico de la cultura. El primero subraya la forma de heredar (la frecuentación personal de los grandes libros, las grandes obras de arte, los grandes ejemplos); el segundo, el nivel alcanzado (la superioridad de los que están en la cumbre); el tercero, el patrimonio (todo lo que puede considerarse propio)."

Asimismo, la cultura es parte elemental de las identidades personales, las cuales se construyen a partir de la distinción de puntos en común y puntos de diferencia.

La socialización es el proceso mediante el cual los individuos adquieren un conocimiento de sí mismos y de su alrededor al mismo tiempo que construyen su identidad. Los individuos identifican, por medio de la socialización, aquellos atributos que comparten con otros y aquellos que consideran particulares. Los atributos sociales incluyen "clase social, etnicidad, colectividades territorializadas, grupo de edad y género" (Giménez 2007), los atributos personales se conforman de características más particulares y específicas.

Sin embargo, la socialización es parte fundamental del proceso de identidad pues los individuos tienen que ser reconocidos en su identidad por la sociedad para existir, como menciona Gilberto Giménez "Mundo social es representación y voluntad , existir socialmente es ser percibido."

Así, la identidad resulta también de cómo se es percibido por la sociedad.

Tanto la cultura como la identidad influyen en la manera en que los individuos perciben el mundo a su alrededor y por lo tanto en su forma de conocer el mundo. Así culturas muy paternalistas o muy ortodoxas van a permitir  poca entrada de conocimientos, mientras que culturas más liberales y abiertas permitirán un mayor flujo de información y más innovación. Este conocimiento, también puede modificar a las culturas a la hora en que los individuos parte de éstas lo adquieren y lo internalizan tanto en su identidad como en su forma de socialización, así el conocimiento modifica pautas culturales y es mayor agente de cambio.

Se ha estado hablando durante los últimas publicaciones del tema de género. Este tema es perfecto ejemplo de como el conocimiento y la internalización de los individuos de nueva información y formas de percepción pueden cambiar pautas culturales preestablecidas y perpetuadas durante mucho tiempo. La relaciones de poder de una sociedad son establecidas por la cultura, pero pueden ser modificadas por medio del conocimiento y por lo tanto pueden modificar la concepción cultural de relaciones de poder. Esto es particularmente cierto en el caso de la relación hombre/mujer, una internalización del derecho de la igualdad y equidad puede llevar a un cambio en las relaciones de poder y una transformación de culturas patriarcales a culturas igualitarias.

Referencias:
 Giménez, Gilberto (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades 
sociales, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.
Zaid, Gabriel (2007). Tres conceptos de cultura, Letras Libres. Disponible en: http://www.letraslibres.com/revista/convivio/tres-conceptos-de-cultura?page=0,1

miércoles, 15 de octubre de 2014

Una experiencia multisensorial


El sábado pasado tuvimos la oportunidad de experimentar varias experiencias que al mismo tiempo que nos  mostraron caras de distintas culturas también fueron una experiencia diferente para todos nuestros sentidos.

En el video anterior encontrarán nuestra experiencia en el mercado San Juan de Dios. En el blog de mi compañera Mich Lázaro, encontrarán más sobre nuestra experiencia en el Parque Morelos.
http://michlzro.wordpress.com/

domingo, 12 de octubre de 2014

La concepción de sexo y género en el tiempo



Esta semana nos adentraremos un poco a la evolución histórica de la concepción del concepto de sexo y género.

En la anterior línea del tiempo se puede  observar como ésta evolución va muy de la mano con el surgimiento del feminismo y que l@s teóric@s feministas han sido los principales impulsores del estudio y conceptualización de estas teorías.

Aún así, lo términos se siguen confundiendo y aunque en ocasiones parece la cosa más sencilla de comprender, la sociedad parece tener una tendencia a olvidar o a no querer estudiar más a fondo las implicaciones de esta construcción de género  que es fuente tanto de violencia como de desigualdad. Algunos ejemplos quedan demostrados en los vídeos dentro de la línea del tiempo. Es importante que se reflexione y se haga conciencia acerca de la importancia de comprender las diferencias entre los términos y debatir y cambiar aquello que no genera igualdad, respeto ni libertad en la sociedad.

domingo, 5 de octubre de 2014

La evolución del pensamiento

El conocimiento no siempre ha sido el mismo. En la edad media, la idiosincrasia se regía por las enseñanzas de la iglesia católica romana y el lugar del humano en el mundo se basaba en un orden divino que no se cuestionaba.
Sin embargo, a partir del surgimiento de las ciudades y con ellas la expansión del comercio y el fin del feudalismo, dieron lugar a cambios sociales que provocaron varias transformaciones en el pensamiento.
La secularización fue un factor importante que permitió que la vida política y social ya no fuera mandada por la religión, además el enfoque de la vida paso a ser el de el mundo terrenal y ya no la vida eterna. Además, los objetos pasan a ser definidos por los sujetos y su racionalidad, ya no al revés.
Por otro lado, en la modernidad, los humanos comenzaron a privilegiar la vida activa sobre la contemplativa como la verdadera virtud. y así se convierten en artífices de su propio destino.
La libertad y la igualdad son ideas que surgen de esta nueva concepción del mundo y mediante ellas comienzan las preguntas sobre los ordenamientos sociales, antes dados por hecho. La libertad de pensamiento es impuesta entones como "un derecho y un deber, pues es la condición necesaria para que cada uno construya su destino y dé forma a su vida según su mejor entender."
Es en la modernidad, donde se constituye la idea del progreso de la humanidad, de la construcción progresiva del paraíso terrenal. El elemento fundamental de esta construcción es la razón mediante la cual los hombres dominan la Naturaleza y organizan la sociedad.
Todos estos aspectos cambiantes influyeron en la manera de conocer del hombre, pues cuando antes las ideas dadas por la iglesia se consideraban hechos, con la modernidad y la transformación del pensamiento se habilitaron los cuestionamientos críticos mediante el uso de la razón y por lo tanto la ciencia. De esta manera el humano se convierte en el creador de su propia idiosincrasia y se vuelve también constructor de su realidad.

En materia de género,  la cual hemos estado tratando durante las últimas semanas, este cambio de pensamiento es el elemento base. Tanto el surgimiento de los cuestionamientos de género como su desarrollo y progresiva importancia en la sociedad se deben a esta nueva concepción del hombre como artífice y  de la libertad e igualdad como valores básicos y universales.
Cuando la posición social se vuelve cuestionable también lo hace el lugar de la mujer en la sociedad. Y así mediante la ganancia de más derechos para la humanidad, se abren las demandas para que estos derechos sean verdaderamente "universales" pues los derechos de las mujeres también son derechos humanos y si no existe en realidad una igualdad de género, entonces tampoco existe una universalidad de los derechos. Mediante la razón,la secularización y la libertad de pensamiento y expresión, muchas mujeres lograron darse cuenta de la injusticia presente en su posición y comenzaron a actuar para cambiarla.

Referencias:
Heler, M. 2004. "La ciencia de la modernidad". Ciencia incierta. La producción social del conocimiento.